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Movimiento de Jovenes de la Calle (MOJOCA) ante la Pandemia desigual.

Por Gérard Lutte

Presidente



GUATEMALA

El coronavirus también ha invadido Guatemala. La información que nos da el gobierno no es muy fiable. Habla de 40 casos de contagio, una muerte y cinco recuperaciones. Otros dicen, pero no podemos verificarlo, que ya hay 1.000 casos de contagio y 100 muertes. El gobierno está tomando medidas, pero éstas son inconsistentes y no respetan las recomendaciones de algunos cientos de médicos guatemaltecos. No se impone a los grandes empresarios nacionales y multinacionales que no respetan la orden de cerrar toda la producción no necesaria para la supervivencia del país. Los centros de llamadas y las "maquillas" (empresas multinacionales de ensamblaje de ropa) siguen trabajando con cientos y cientos de trabajadores insuficientemente protegidos. El gobierno hace oídos sordos a las recomendaciones del Fiscal de Derechos Humanos y de los médicos guatemaltecos. No están abriendo refugios donde se protegería a las 40.000 personas que viven en las calles. Así que no sabemos qué pasará en este país, donde muchos niños sufren de desnutrición.



EL MOJOCA



Recuerdan la gran manifestación que tuvo lugar el 8 de marzo. Una semana más tarde, tuvimos la asamblea general de nuestra asociación legal que aprobó el informe descriptivo y financiero para 2019 y, sujeto a los cambios necesarios, el presupuesto provisional para 2020. Habíamos decidido crear dos comisiones para preparar la eventualidad de la expansión de la epidemia en Guatemala. Al día siguiente el Presidente anunció la abolición del transporte público, el cierre de tiendas, la prohibición de reuniones de más de diez personas. Así que tuvimos que organizarnos para continuar nuestro trabajo con los jóvenes de la calle y los que habían salido de las calles. Obtuvimos permiso del Ministerio de Economía para abrir la Casa de la Amistad para seguir produciendo alimentos con suficientes condiciones de protección para los voluntarios. Muchos trabajadores se quedan en casa cuando viven lejos y no podemos pagarles un taxi. En la casa trabajan sólo voluntarios, la mayoría de ellos jóvenes de la calle, bajo la dirección de Julia Avelo que es una líder motivada capaz de asumir grandes responsabilidades.

De lunes a viernes, el centro social está abierto por la mañana con tres o cuatro personas y también el cuidador de la casa. Dos trabajan en la cocina, Alfonso hace el pan en la panadería. Y nuestro médico viene tres veces a la semana y se encarga de que todas las condiciones de seguridad se cumplan estrictamente. Alrededor de la una, 4 jóvenes, Marvin, Alan, a veces Juan José y Brandon, llevan paquetes de comida a los diferentes grupos de personas en las calles de la zona central de la capital. Les aconsejan que vivan en pequeños grupos y, si es posible, que regresen con sus familias y se refugien durante las horas de toque de queda (de las 4 de la tarde a las 4 de la mañana) en casas abandonadas porque no hay ningún refugio para ellos. Ya hemos apelado al gobierno para que abra hoteles donde los jóvenes y toda la gente de la calle pueda refugiarse. Vamos a apelar al Cardenal Alvaro Gramazzini para que la Iglesia abra refugios para los más necesitados.

También nos ocupamos de las 80-90 Mariposas y sus madres. El servicio de lucha contra la malnutrición sigue funcionando. Nuestra psicóloga Carina está en contacto con las madres y conoce sus necesidades y hemos organizado la solidaridad dentro del Mojoca con estos jóvenes que ya no tienen trabajo y recursos y a los que tratamos de dar comida y a veces ayudamos a pagar el alojamiento. Vamos a extender esta solidaridad a los grupos de adolescentes.

Por supuesto, seguimos dando becas de estudio y aprendizaje y el centro social está abriendo sus puertas para que los jóvenes puedan entrar a distancia segura para recibir sus cheques o la ayuda material que les corresponde.

Nuestro departamento de gestión de recursos, nuestra administración, sigue funcionando y María Elena, madre de tres hijos que vive a más de una hora del centro, trabaja en casa para hacer los pedidos necesarios.

Las mujeres y los niños de la casa del 8 de marzo ya no salen de la casa y yo tampoco, dada mi edad, ya no salgo de mi apartamento y tomamos todas las precauciones que podemos. Estoy muy contento de estar en Guatemala en esta crisis que vamos a enfrentar juntos sin perder la esperanza de salir de ella. Espero que la juventud proteja a los niños y jóvenes de la calle, pero sus condiciones de salud son precarias.

Juntos, preparémonos para el futuro. Estos momentos de crisis ponen todo en duda. Esta crisis mundial ha servido a los poderosos que facilitan la propagación del virus, porque no hay servicios de salud adecuados en el tercer mundo y el poder sigue en manos de las minorías privilegiadas que pueden utilizar las ganancias de este inmenso desastre para aumentar sus beneficios y su poder. Debemos cuestionarnos, reflexionar sobre el significado de la vida y la muerte, sobre la sociedad que queremos mañana.

Junto con un grupo de amigos italianos, organicé un pequeño grupo de reflexión que llamé "VITA" (vida). Lo hago en italiano porque no es fácil hablar francés en Guatemala, porque nadie que yo conozca lo habla. Si alguno de ustedes puede recibir estos documentos enviados por WhatsApp, por favor háganmelo saber y los incluiré en este grupo. Y os animo a todos a que también estéis en contacto entre vosotros. Esta es tu oportunidad de restablecer el diálogo familiar apagando la televisión o el teléfono inteligente durante largos períodos de tiempo.

Gracias a todos los que siguen apoyándonos y animándonos. Este es el momento en que podemos decirle a la gente que los amamos. Eso es lo que te digo a ti y conmigo a los niños, los jóvenes y los trabajadores de Mojoca. ¡La vida tendrá la última palabra!

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